5 may 2026

Fino en Rama de Fernando de Castilla

 

Nueva saca de primavera del Fino en Rama de Fernando de Castilla

-        Esta cuarta saca estará limitada a tan solo 3.600 botellas, que se venderán por cupos


El lunes de preferia del Caballo está ya marcado en la agenda de los amantes de los vinos del Marco y la gastronomía. Como es tradición desde hace cuatro años, la bodega jerezana Fernando de Castilla ha presentado esta mañana la saca de primavera 2026 de su exclusivo Fino en Rama, un vino del que únicamente saldrán al mercado 3.600 botellas. El vino es una selección de 8 botas escogidas personalmente por Jan Pettersen –propietario de la bodega-, de entre las más de 300 que forman parte de las soleras de Fino Classic y Fino Antique, las dos gamas de jereces que envejecen a escasos metros de la jerezana iglesia de Santiago.

 “El éxito de estas sacas es ya notorio, y por eso nos alegra especialmente volver a apostar por este vino, que cuenta con un prestigio tanto nacional como internacional”, explica Fernando Romero, director comercial de la bodega. “El objetivo de este proyecto es combinar las virtudes de lo que ya de por sí son dos grandes vinos, como el Fino Classic y el Fino Antique, ambos con sus características singulares y que aquí buscamos combinar, quedándonos con los mejor de cada uno de ellos. El resultado: un fino único y muy jerezano”, cuenta Romero. 

Para obtener esta tipología de finos influye de manera determinante la climatología del año y como el paso de las estaciones ha ido afectando al velo de flor. En este caso, este pasado invierno de frío moderado combinado con una humedad muy acusada por las lluvias caídas ha configurado unas condiciones ideales para una crianza viva e intensa, con un velo de flor muy desarrollado que le ha aportado al vino en su última etapa de crianza un perfil muy salino y fresco.
 

Hasta el año 2022, este vino se regía por un sistema dinámico de llenos, marcado por la demanda del mercado. A partir de 2023, este Fino en Rama pasó a un sistema finito de saca limitada, determinado por un criterio enológico de excelencia. Según Jan Pettersen, propietario de la bodega, “estamos ante un proyecto que persigue la excelencia, y, aunque la demanda es altísima, sólo contamos con el vino de las botas que cumplen con el perfil que perseguimos y que tenga el nivel de calidad esperado”.

Las cuatro añadas del
Fino en Rama de Fernando de Castilla


Como en ocasiones anteriores, la bodega reserva de cada saca un cupo propio que ha estado envejeciendo en sus botelleros, y en los próximos días lanzará una edición limitada de estuches con la cata vertical de las 4 ediciones, con un objetivo didáctico que permitirá apreciar plenamente la noble y enriquecedora evolución de los vinos de crianza biológica, una de las tendencias más en boga últimamente en el mundo del Jerez.

El vino tiene una vejez media de 6 años, y su origen proviene del histórico pago jerezano de Añina. En la cata, el Fino en Rama Fernando de Castilla 2026 es de color dorado, brillante e intenso. Presenta una nariz con notas de panadería, un punto de manzana verde y almendra amarga, mientras que en boca hay mucha presencia de levadura con una mineralidad grande y notas de manzana verde, sorprendiendo su acidez y tensión.

Al igual que en las tres ediciones anteriores, la etiqueta es obra del estudio Misiva, con el artista y diseñador Hugo Zapata al frente. En esta ocasión, la ilustración que preside la botella está centrada en un detalle de una de las buganvillas del patio de la bodega de la calle Jardinillo, en pleno barrio jerezano de Santiago. 

El vino se ha presentado en el transcurso de un acto celebrado en la bodega al que han asistido representantes institucionales, periodistas especializados, hosteleros y profesionales del mundo bodeguero. El fino se ha maridado con los ibéricos de Montesierra, las conservas de La Mar de Tazones, el atún rojo y las salazones de Herpac y los picos y regañás de Obando, finalizando con una berza jerezana y su pringá, a cargo del Grupo Jindama.



Sobre Fernando de Castilla

La bodega Fernando de Castilla, fundada en 1837, se ubica en el corazón del jerezano barrio de Santiago. En 1999 fue adquirida por el noruego Jan Pettersen, quien la dotó de una perspectiva internacional, estando en la actualidad presente en más de 50 países de todo el mundo. Posee un amplio portfolio de vinos, presidido por las gamas de jereces Classic, Antique y Singular, además de una exclusiva colección de Brandy de Jerez, vinagres y vermús. 



25 abr 2026

Manzanilla Maruja.

 

Manzanilla Maruja
Bodegas Juan Piñero
15% vol.
Palomino Fino 100%
D.O. Manzanilla - Sanlúcar de Barrameda

Maruja era "Sherry de Terry". Lo ponía en la etiqueta, allá por los años 90 cuando nos conocimos; en los tiempos en los que aunque la Denominación de Origen Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda ya estaba plenamente impuesta, no impactaba tanto ver en una etiqueta los términos - ahora contrapuestos - Sherry y Manzanilla. También eran los tiempos en los que se hacía manzanilla en El Puerto, se hacía manzanilla en Jerez y, por supuesto, se hacía manzanilla en Sanlúcar. Hasta en Lebrija, aunque no se decía. Bueno, en Lebrija, sí se decía.
Pero Maruja era fino hasta que se convirtió en Manzanilla, como digo, pero es que antes, mucho antes, fue manzanilla también. Un caso curioso de "transformismo" a lo largo del tiempo que no es ni mucho menos el único.

Como digo, Maruja era Manzanilla, una marca registrada en 1920, nada menos, por Fernando A. de Terry, pero no era una manzanilla cualquiera, era Manzanilla Finísima Olorosa. Aquella época en la que los vinos del Marco tenían nombre y dos o hasta tres apellidos. Cosas de las modas y las tendencias: que en una época se bebe mas manzanilla que fino, pues le ponemos manzanilla; que después se empieza a beber más fino, pues le ponemos fino. Y es que El Puerto de Santa María es tierra de vinos finos; aquí se bebía Camborio, que también era de Terry. (Sobre Fino Camborio ya les escribí algo hace un tiempo aquí). 
Además, Maruja es nombre de mujer, así que era cuestión de tiempo que volviera a Sanlúcar, que volviera a ser Manzanilla.


Etiqueta de Maruja años 50



Etiquetas de Manzanilla y Fino Maruja.



Fue el empresario Juan Piñero (q.e.p.d), al que pude conocer y saludar en un par de ocasiones, el padre de la actual Manzanilla Maruja, la de la foto inicial de este post. Y si Juan Piñero fue el padre, Ramiro Ibáñez debió ser el padrino, siguiendo con el símil, pues se encargó de criar una manzanilla hasta hacerla y convertirla en una gran manzanilla, como la que es hoy día. 

En la Calle Trasbolsa, en el barrio bajo sanluqueño, están las Bodegas Juan Piñero desde hace más de 30 años y allí llegaron parte de las viejas botas y existencias de aquella Manzanilla Maruja adquiridas a la extinta Bodegas Terry, la de los vinos, la de El Puerto de Santa María, otra victima más de Rumasa.

La Manzanilla Maruja de hoy es una manzanilla madura, con unos 8 o 9 años de crianza biológica que se le notan, vaya si se le notan. Hasta 7 clases (criaderas) más la Solera dan lugar a una manzanilla extraordinaria. Tiene una hermana pequeña, Jarona, con solera propia, y por supuesto la Manzanilla Pasada En Rama, soberbia, eso son palabras mayores.





4 mar 2026

Oloroso Sangre y Trabajadero. El Puerto de Santa María

Oloroso Sangre y Trabajadero
Palomino Fino (100%)
18 % alc.
Bodega Gutiérrez Colosía
D.O. Jerez-Xérès-Sherry


Aprovecho que mi hermana Elvira me manda esta foto de este vino para darme cuenta que a lo largo de todos estos años escribiendo en este blog, no lo había siquiera mencionado, algo imperdonable para mi, sobre todo por ser un vino - no sé como llamarlo - icónico, mítico, histórico, legendario... Y no han sido pocas las ocasiones que lo he podido disfrutar.

Sangre y Trabajadero fue una famosísima marca de la portuense Bodegas Cuvillo, bodega fundada en 1908, primero como Gómez, Cuvillo y Cía. y más tarde como Cuvillo y Cía. a secas. Existen anuncios publicitarios de la bodega, ya en esas primeras décadas del siglo XX, anunciando el oloroso Sangre y Trabajadero. Por lo visto la bodega quebró  - como tantas otras - en la década de los 80 con el advenimiento de Rumasa.

En esa época, primeros años 80, Juan Carlos Gutiérrez Colosía, de Bodegas Gutiérrez Colosía, adquirió la marca Sangre y Trabajadero a la ya extinta Cuvillo, pero no solo la marca sino también unas 300 botas de este oloroso, y desde entonces se ha conservado prácticamente idéntica la etiqueta en esos tonos rojo y blanco. -  Inciso. ¿No es curioso que prácticamente todas las bodegas empleen los tonos rojos y blancos para los olorosos? Miradlo. Fin del inciso.

Sigamos. Me he preguntado muchas veces sobre el origen de este nombre tan curioso: un trabajadero, es un taller de tonelería; cada bodega solía tener el suyo propio para arreglar las botas de madera que se deterioraban, retirar las duelas rotas y sustituirlas por alguna que otra más nueva, todo con tal de no perder ni una gota de vino, ome por favó. La imagen de abajo corresponde a uno de esos trabajaderos, en concreto el de la bodega Hidalgo-La Gitana, en Sanlúcar de Barrameda. Herramientas, bancos de trabajo, duelas sueltas, aros...No sé yo si lo de Sangre vendrá por los cortes o heridas sufridas por el personal...jejeje

Trabajadero en Hidalgo-La Gitana


Otra curiosidad. ¿Sabían que cada vez que se botaba un barco en los Astilleros de Cádiz la madrina de turno estrellaba una botella de Sangre y Trabajadero contra el casco? Es una tradición que se lleva haciendo aún desde hace muchos años, y que no se pierda. Eso significaría que siguen construyéndose barcos en la Bahía. Hace unos años, en la botadura del petrolero Monte Udala, no solo fue una de Sangre y Trabajadero sino que además "sacrificaron" otra de Marqués de Riscal Reserva, fite tú. Aquí abajo pueden ver al operario de Navantia, quizás, lamentándose por el derroche, o no.

Botadura del buque Monte Udala.


Este oloroso ha pasado por una crianza oxidativa o físico-química durante unos 7-8 años de media. Ya he dicho en alguna que otra ocasión que la crianza en vinos generosos no es exacta como en los vinos tintos, por ejemplo, sino que depende del número de criaderas que tenga la solera y del volumen de vino que se extrae para cada embotellado. Así pues no estamos ante un oloroso muy viejo pero al probarlo uno nota que tampoco es un oloroso corriente, ni mucho menos. Es magnífico.

Un oloroso digno de formar parte de vitrinas como ésta, con tanta historia de los vinos y los brandys de El Puerto de Santa María.




Bodegas Gutiérrez Colosía en la 
desembocadura del rio Guadalete