
13 dic 2020
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6 dic 2020
Viña Corrales, de Peter Sisseck, y Fino Camborio, de Piñero.
Viña Corrales, de Peter Sisseck, y Fino Camborio, de Piñero.
Como hermanos separados, figuradamente, claro.
El Fino Camborio jerezano, al cuidado de su "padre" Juan Piñero, y sobretodo de su "padrino" el enólogo Ramiro Ibáñez, había llegado a ser uno de los mejores finos del Marco, o el mejor, según algunos. Su larguísima crianza biológica, sus escasas sacas y sus rocíos con los mejores mostos y sobretablas fueron claves. En esa época recibió 91 Puntos Parker - yo creo que merecía alguno más - por el Wine Advocate español, Luis Gutiérrez.
Nos encontramos ya entre 2017 y 2018 cuando entra en escena Peter Sisseck, el de Pingus, en asociación con Carlos Del Rio Gonzalez-Gordon, propietario de la bodega Hacienda Monasterio, en Ribera del Duero, y compran a Juan Piñero nada menos que 470 botas de fino y la propia bodega de la calle San Francisco Javier, con la idea de elaborar su propio fino, partiendo de una base, una buena base, de Camborio. Sisseck además pilla unas hectáreas, diez en total, de viñedo del bueno, en el Pago de Balbaina y también en el de Macharnudo, para ir refrescando cosecha tras cosecha su nuevo vino, embotellado en Abril de 2020 y bautizado como Viña Corrales, que alcanza los 96 Puntos Parker, conformando una solera de 74 botas, Solera Fino PS, y presentado en botella borgoñona estandar, pero solo unas escasas 1200 unidades, la mayoría habrán cruzado ya el atlántico.
Por otro lado, seguimos en 2020, este año fatídico para unas cosas, una nueva saca del Fino Camborio en Rama, ahora subtitulado como Seleccionado, acaba de salir al mercado, casi simultáneamente al Viña Corrales. Durante este tiempo ha sido refrescado con mostos de Añina y Macharnudo; un fino viejo, Fino Amontillado, con 12 años de crianza, y un tono más ámbar, presentado en botella de 50cl, transparente.





